Los Señores de los Gutiplunques

Las olas dependen de la luna, los vientos y las corrientes submarinas.
     Los terremotos obedecen a los apretujamientos de las montañas y los flujos de jugos minerales en el interior de la tierra.
     Las auroras boreales brotan al son de las noches, cuando el frío así lo manda.
     Si las olas son nereidas, los terremotos titanes enterrados y la aurora boreal el manto del ángel púrpura, podemos imaginar que sirven respectivamente al hada de plata de la luna, La medusa de Magma sirvienta del herrero del mundo y a la dama del invierno que petrifica el mundo en nieve con su mirada…
     Pero, ¿a quién sirven aquellos que completan con detalles el mundo?
     ¿A quién sirven los gutiplunques?
     Aquellas criaturas del rincón que caben en los bolsillos y habitan en las cajetillas de cerillos, son de distintos lares y nombres en todo el mundo, pero lo que aquí nos cabe es mirar a los hijos de una Europa noroccidental (¿Noraccidental?) donde los cuentos de hadas, elfos y duendes acuñaron tales nombres:
     Los celtas son aquellos pueblos que antes del medioevo se regían por druidas, sacerdotes de los árboles y que primero pusieron nombres a sus espadas. El rey Arturo es cuento celta.

     Y según sus leyendas, en la isla esmeralda de Erin (Irlanda), los Thuatha de Danan fueron un pueblo hermoso y poderoso que llegó del Oeste de Tir-Nan-Ogh “El reino de lo jóven” y que rigió hasta que los gigantes Formore emergieron del mar y arrinconaron a los Thuatha de Danan bajo las colinas huecas, donde pasaron a llamarse sidhe, que significa en céltico irlandés: Hada. Y esas hadas servían a Danan, “La Madre Tierra”, que también llamaron luego Dagda “El Padre”.
     En las colinas forestadas de Prydain en tanto (Gales), se decía que Arawn, señor astado del inframundo de Annwn surgía del bosque junto con sus huestes, y que cualquiera que se extraviara en la bruma hacia el oeste, viajaría al otro mundo, donde las hadas y los elfos aún habitan.
     Incluso mucho tiempo más tarde, cuando los franceses invadieron Inglaterra y la colonizaron con su linaje de reyes a los que pertenecería Ricardo Corazón de León, las leyendas hablaban de “Robin-Good-fellow” un niño hada intercambiado en la cuna por un hijo humano, que sirvió al señor astado de los bosques para defender a los oprimidos y marcar su nombre por siempre como Robin Hood.
     El pueblo escandinavo sin embargo, cuenta lo propio; las tribus más norteñas de entre ellos fueron los vikingos sin miedo que dominaron los mares y encontraron América, asaltando y sacudiendo Europa con sus saqueos y quienes decían que el universo era un gigantesco árbol de fresno, donde entre las ramas estaba el Valhalla, el palacio de sus dioses guerreros al que se accedía por un arcoiris y que debajo de sus nueve raíces se encontraba Niflheim, el infierno, mientras que el reino de los hombres era la tierra de en medio Midgard, la Tierra Media, bordeada por Jütenheim por un lado, donde habitan los gigantes y por Alfheim quizá al oeste…
     Alfheim, donde habitan los alp, los alf, los elf.
     Alfheim donde habitan los elfos y cuya reina Gerda es luz de árbol del cosmos.
     Sobre estos mitos y leyendas, escritores ingleses de mucho más tarde, volvieron a tocar a los regentes de las hadas y gutiplunques:
     Sir Thomas Malory en el renacimiento escribió Le Mort´Darthur, compendiando con gran herencia y talento el ciclo artúrico. Allí El rey es la tierra de Inglaterra misma, y que durante todo su reinado fue auxiliado por damas de lago y hadas que finalmente lo rescataron de su agonía para llevárselo al oeste a la isla de Avalón.
     William Shakespeare durante el siglo de oro isabelino escribió “Sueño de una noche de verano” para teatro, donde el rey Oberon y Titania son los señores de todas las criaturas feéricas en una parodia de los correteos de la corte, acaso.
     Rudyard Kipling en el siglo XIX escribió “Puck” donde aquella suerte de duende es el más hábil y mañoso señor de las historias que constituyen a Inglaterra, como un príncipe de los cuentos.
     Y J.R.R. Tolkien en la segunda mitad del siglo XX compiló en una espiral narrativa en ciclos que repiten lo mitológico en lo poético en su obra, lo élfico es la memoria de la palabra que es natura y luz creación, y hay un rey y una reina cada vez más sutiles conforme la historia avanza, reyes de mito, después de leyenda y al final de cuento:
     Manwë & Elbereth son espíritus, dioses o hadas mayores regentes de los vientos y las estrellas respectivamente, que circunscriben al mundo al que rigen desde el Oeste, más allá de Avallónë, en la Tierra Imperecedera.
     Thingol & Melian, señor de los elfos y reina hada más tarde rigen sobre los bosques antiguos al oeste de la Tierra Media, donde nadie puede entrar sin su venia, salvo un hombre que traspasó la frontera para enamorar a su hija y engendrar un linaje que no se apagará jamás.
     Celeborn & Galadriel durante los tonantes días en que transcurre El Seños de los Anillos, son los reyes y guardianes de la memoria de lo élfico, de la palabra que es oeste.
     Finalmente Aragorn & Arwen quedarán para regir a los hombres en la paz, como el rey Arturo y sus hadas.
Pero, cuentos más, leyendas menos… ¿Quiénes son el rey y la reina de las hadas y gutiplunques?
     El rey es siempre el principio masculino del padre, el guerrero y cazador proveedor, es el señor de los hechos de la tierra viva. El dragón de los bosques. El dragón que es el bosque. El bosque que contiene la memoria colectiva de los mitos.
     El rey es la memoria en el bosque mismo.
     La reina, principio femenino de la madre, la amante e hija, es la dadora de vida y dones rodeada del glamm, el encantamiento y maravilla que producía su belleza y que es capaz de trastornar y transformar a cualquier hombre para bien o para mal, según sea el encuentro. Ese es el glamour* del hada. Y ante ese glamour todo es como en un sueño verdadero. Y el sueño es el enlace espiritual de las verdades subyacentes del mundo que le hablan a los mortales. Y durante el sueño, a veces se alcanza el recodo donde todo es armonía como fue en un origen. Eso es Avalón, más allá de la muerte y de los sueños.
     La reina es el ensueño que atisba desde el oeste.
     Sueño y memoria son palabra e imaginación, que habitan en todo cuento.
     Y los cuentos de hadas, siempre miran al oeste.

* Y que ¡Ay! Hoy se entiende solo en el concepto de las modas como “sofisticación” y “snobismo de elite”… Sin embargo hay quien dice que los vestidos de novia con todos sus velos y parafernalia, buscaban equipararse al glamour de un hada ante el altar.

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