Jammyl y las Golpherus

Los rayos predijeron el advenimiento de la Gran Sombra con sus aúllos celestes. Los profetas y oráculos se estremecieron cuando descifraron su significado: Los grandes reyes partirían y no habrán más linajes ilustres que los sucedan, capaces de remendar el deleznable equilibrio en el mundo vivo…

La última vez que se vio a Jammyl dentro de territorio Nemess fue hace muchos ciclos de vida; tiempo después que desapareció la ciudad llamada Gunklour, donde las personas de la bella piel, habitaron y gozaron de una posición muy respetada sobre las tierras circundantes a su reino. Fue un período importante, las razas y las tierras florecieron en el mundo vivo. La magia era buena y las escrituras benévolas. La maldad fue repelida de los reinos gracias a la Cofradía del Cuervo Dorado, y la calma fue restaurada.
     Jammyl sería con el tiempo, el mago más poderoso en la época antigua. Cuando nació, los videntes auguraron que llevaría a los reyes a la gloria y la tierra a la bonanza. Jammyl fue criado de acuerdo a su destino hasta que cumplió quince inviernos. En esa fecha murió, o al menos entre nosotros, pues su espíritu, como creen los que adivinan la verdad, aprendió a hacerse de nuevos cuerpos. De esa forma, aseguró su estadía en el orbe por siempre. Desde entonces, hay rumores de gente que le ha visto en distintas épocas y lugares; con diferente edad o sexo, guardando en todos los casos sólo una característica especial, el rasgo que llevó Jammyl durante todas sus vida: La magia.

     En el norte, las noticias de los bongus disminuyeron notablemente. Nadie pudo seguirlos tan lejos y no se les ha visto en tierras cercanas.
     Los bongus nunca fueron recibidos pacíficamente en los reinos del sur; y las viejas leyendas (que ahora sólo son recordadas en la memoria de los más antiguos), mencionan que esa oscura raza llegó a nuestro mundo arrastrada por mareas muy lejanas, un día que el cielo lloró con acritud. Como consecuencia, el océano los arrojó sobre las playas, destruyendo sus embarcaciones. En ese tiempo no existían muchos reinos, pero eran suficientes para armonizar las tierras que habitaban. Varias generaciones pasaron, y los bongus recorrieron de abajo arriba nuestro mundo vivo. Se alojaron al fin en las inhóspitas tierras del norte, donde encontraron refugio y protección de sus persecutores.
     La bella ciudad de Gunklour desapareció una noche que la luna se tiñó de sangre y los augurios fueron malévolos. Su fin dio pie al erigimiento en el norte, de la ciudad umbría de los bongus. Éwa nunca volvió a ser lo mismo, con el surgimiento de Bongur, la vida boreal se opacó y cambió para darles protección.
     Más al sur, el bosque albino era el lugar preferido de las águilas Golpherus, monturas reales y formidables bestias guerreras de Gunklour, pero desaparecieron con la ciudad y sus pláticas feéricas con los sauces pálidos, cesaron también. Con el tiempo y sin la influencia de las águilas, los sauces murieron uno a uno. De lo que fue una arboleda maravillosa en una bella época, ahora queda sólo un sauce, rodeado por un bosque sin magia o sentimientos.

     Aunque el último de los sauces albos todavía influye sobre la flora y fauna a su alrededor, ha sido incapaz de transmitirles su lenguaje. Al paso de los ciclos de vida, se ha forjado en el bosque un idioma hermoso entre sus habitantes, pero sólo es la sombra primitiva que queda del habla elegante en el antiguo reino. Jammyl sabía que cuando el último sauce muriera, el bosque iría oscureciéndose paulatinamente y podría transformarse en un arma muy peligrosa, si llegaba a ser controlado por seres oscuros. Los signos indicaban que las madres creadoras enviarían a alguien para contrarrestar ese peligro, cuando llegara el momento.
     Jammyl siempre ha sido un enigma para los habitantes de Éwa; acaba su luz y comienza su oscuridad. En ese período no se le ve, y, cuando la luz regresa se hace presente, para dar testimonio de la victoria y avivar la esperanza de que ésta prevalecerá sobre las sombras.
     Después de las grandes batallas de antaño, desaparecieron diversas razas en el mundo vivo, y entre otras, podemos sentir lástima por la desaparición de la raza de los Nem Nelaes, quienes fueron los fundadores de la ciudad Neliyé, abandonada hace mucho tiempo. Sus ruinas fueron ocupadas por algunos grupos nómadas que aprendieron a vivir allí. Esos nómadas fundaron Nemess en la antigua ciudad, donde encontraron un territorio rico en recursos y un clima propicio para la vida.
     Nemess como tal, fue una de las siete ciudades formadas en los últimos tiempos, en la sexta generación de la era tercera del mundo vivo; antes que se erigiera la bella ciudad Jahall al sudeste de Bongur, hace poco más de veinte ciclos de vida.
     Las aldeas importantes que circundan la ciudad de Nemess por orden de importancia son: Nathymié, pueblo productor de carne y del Khaliú necesario para los pueblos y ciudades vecinas; Nemthur, pueblo minero y herrero por excelencia en esa región del mundo vivo, en esta aldea se produce la mayor parte del armamento necesario en Nemess y áreas circundantes; Nimber, pueblo dedicado a la agricultura, alfarería y artesanías menores; y Num Balaé, centro de comercio con el resto de los pueblos del mundo vivo.
     En la tierra ha perdurado la magia casi sin alteraciones. Los seres que han nacido para llevar esa carga, son cada vez más diestros y poderosos al avanzar las generaciones. Ellos son los únicos que han sobrevivido al tiempo utilizando sus conocimientos, pues hay vestigios de hechiceros que han vivido más de cuatro generaciones; y eso es mucho tiempo, pues un ser normal sólo vive una y media antes de perder su energía para vivir.
     En la vieja cuenta, cada generación dura un período de treinta ciclos de vida; teniéndose así que la edad promedio era de cuarenta y cuatro ciclos; es decir, al equivalente de ochenta y ocho inviernos. A veces llegaban a vivir hasta los cincuenta y cinco ciclos, como lo hizo el gran rey Olegram que habitaba en la ciudad de Bourum, al norte de Nemess, cuando el presente vivía durante la era antigua.
     Se dice que Jammyl, poseedor de las artes mágicas antiguas, ha cumplido ya su quinta generación de vida, y que tal vez vive desde los antiguos días de Gunklour (hace seis generaciones), pero muere ocasionalmente para dar descanso a los cuerpos que ha usado, la gente cree que su poder es perenne.
     Los sabios Jelgurs afirman que Jammyl es la única criatura, que atestiguó la desaparición de Gunklour esa terrible noche y continúa con vida. También dicen que él ha estado presente cuando ocurren desgracias y milagros en el mundo vivo; es por esa razón que el nombre de Jammyl es temido, nunca se sabe qué augurios traerá con él.
     Hay escritos de los Jelgurs que nos mencionan a Jammyl en su segunda vida, donde tuvo la oportunidad de presenciar cómo fue quemado y destruido el antiguo reino del noroeste, en el tiempo de Hindram Grestor I, rey de la diminuta raza Almeryn, criaturas sencillas que dedicaron su vida al estudio y fabricación de instrumentos con relación al viento.
     Otros escritos también muy antiguos, del tiempo en que el castillo de la ciudad de Gunklour era construido, mencionan que llegaron dragones en parvadas como nubes oscuras al mundo vivo. En realidad, nadie sabe ya y no hay registros escritos que nos indiquen de dónde provinieron, o qué edad alcanzaban.

     La historia de los dragones en las tierras del mundo vivo, es corta en realidad, pues estos visitantes llegaron de una forma tan inesperada como desaparecieron. Se rumora entre los Jelgurs, magos y hechiceros, que tal vez los dragones no dejaron de existir, sino que sólo regresaron a algún lugar del mundo perdido y esperan el momento propicio para regresar a nosotros.
     Las diversas razas de dragones sobrevivieron con muchas dificultades y diferencias, ya que sus temperamentos se adecuaron a los diferentes ecosistemas que habitaron. Finalmente terminaron dispersándose, aunque no todos soportaron el ambiente y murieron, o simplemente siguieron su camino y dejaron atrás al mundo vivo; quedando sobre él muy pocas especies.
     En general, los dragones fueron tranquilos, hasta que la codicia se apoderó de grandes brujos y hechiceros que encontraron la forma de doblegarlos, haciendo que se atacaran entre sí en busca de poder. Estas guerras culminaron en las tierras del norte, cuando aún eran fértiles y hospitalarias.
     Predominaron los dragones negros sobre los grises, quienes tenían una constitución menos adecuada para esas tierras. Los pocos grises que sobrevivieron, se esparcieron por Éwa. Algunos de ellos se perdieron de vista sobre el mar cuando volaron de vuelta hacia el mundo del cual provenían.
     Dicen las leyendas, que cuando murió el último dragón gris, las tierras del norte se secaron y perdieron toda clase de vida, propiciando también que los negros restantes se liberaran de la influencia de los brujos y hechiceros, matándolos a todos.
     Después, los dragones negros no pudieron luchar contra el mal que se les había inculcado en el corazón, teniendo como único objetivo acabar con las otras especies dragoniles. Así, los dragones benignos pelearon una segunda vez contra ellos, pero ahora no estaban solos, contaban con ayuda proveniente de Gunklour. Aún así, los dragones negros vencieron nuevamente y volaron hacia otro lugar, lejos del mundo vivo… Todos menos uno, el poderoso Graenth que habitaba en las colinas púrpuras.
     Muchos pueblos sufrieron las consecuencias de esta batalla y perecieron.
     Los demás dragones que vieron muy altas pérdidas en sus respectivas razas, volaron hacia el este y desaparecieron también del mundo vivo.
     Las águilas Golpherus aparecieron como regalo de los cielos después de la primera guerra dragonil, llegaron entre una lluvia de flores y ayudaron a los dragones multicolor en su lucha contra los dementes y temidos dragones negros.
     Con el paso del tiempo, la joven fundada ciudad de Nemess, había florecido por sus habitantes, que pronto aprendieron a valorar y a vivir en conjunto con las tierras que conformaban su territorio. Debido a esto, Nemess llegó a ser una de las ciudades más importantes de Éwa y seguía prosperando, hasta que aparecieron los vatúk y atacaron la ciudad.
     Los vatúk son bestias temibles que nacieron en el corazón de las tierras del norte y casi acabaron con la gente en Nemess, quienes en su modo pacífico de vida, no tenían cabida para la existencia de un gran ejército. Así que al ver el terrible fin que les esperaba, la gente huyó de la ciudad dejando todo a sus espaldas. La partida fue tan rápida que no dio tiempo de empacar víveres o utensilios, y la gente fue muriendo en el camino mientras huía de los vatúk. Los pocos habitantes que no pudieron salir a tiempo de sus casas, sólo retrasaron la persecución sobre el pueblo que evacuaba.
     Gunklour era la ciudad más cercana y representaba para ellos la única esperanza de supervivencia. Los hechiceros de la ciudad lanzaron conjuros para ayudar a la protección del castillo y, después de insistir mucho, los vatúk se debilitaron y emprendieron la retirada. Gunklour aprovechó la oportunidad para soltar sobre ellos los dragones que habitaban su territorio y a las águilas Golpherus, pero no lograron aniquilarlos, ya que sus fuertes corazas los protegían de las garras de las águilas y escapaban fácilmente a la vista de los dragones.
     Muchos vatúk lograron huir, a pesar de que las Golpherus seguían sus rastros y mataban de vez en cuando algunos de ellos, los cuales, con el paso del tiempo aprendieron a vivir la mayor parte de sus vidas bajo tierra.
     Pasaron muchos ciclos de vida para que Nemess pudiera estabilizar sus dominios y aprendiera, con ayuda de la ciudad de Gunklour, a defenderse con el arte de la guerra a un nivel elevado.
Batallas y generaciones han pasado desde entonces, batallas en las que el ejército némess ha triunfado y sobrevivido ataques de pueblos hostiles. No obstante, gran parte del arte de la guerra se perdió con el paso de las generaciones, y Nemess dedica ahora más y más parte de su tiempo a vivir en concordia; retirándose paulatinamente de las batallas. Ahora, aunque el ejército némess ha luchado con pasión y valentía cuando se ha necesitado, no llega ni llegará a tener el arte y la destreza de antaño.
     Hoy, comienza el tiempo oscuro. En el norte crecen los bongus en poder y número. El último de sus soberanos fue muerto no hace mucho y sus herederos no tuvieron tiempo de disputarse el trono de Bongur. La ciudad tiene un nuevo amo: Boorminer, un ser poderoso, inigualable en maldad y fuerza, quien conoce las artes negras del antaño maligno y las usa para prevalecer en el poder, al frente de la oscura raza que le vio usurpar el control de sus vidas, sin ninguna posibilidad de hacer algo para evitarlo. Boorminer expulsó a los legítimos herederos de Bongur bajo pena de muerte, y de inmediato se instaló férreamente en el trono.
     Aún más al norte, se edificaron otros reinos lúgubres, sus tres hermanos mayores los construyeron alejados lo más posible unos de otros. Los trillizos, eran por herencia los partidarios al trono de Bongur con más derecho. Boorminer encontró la manera de echarlos y quedarse con la ciudad. Sus discordias crecieron y formaron grandes ejércitos… Hoy, ha llegado la hora de pelear por lo que corresponde a cada uno, y Boorminer, tiene sus ojos puestos sobre los territorios del sur y hacia allí dirigirá sus fuerzas. Pero hay alguien que ha llamado la atención de Jammyl, tal vez exista una nueva esperanza para la vida y la luz.

Con el tiempo, Jammyl, los bongus y las personas de la bella piel eran noticias cada vez más lejanas, noticias que ahora cobran vida y fuerza. Sus avistamientos aumentan alarmantemente en todos los rincones del mundo vivo.
     Hoy, la oscuridad se ha desperezado y comienza a cernir sus alas sobre los habitantes del mundo vivo, pocas son sus esperanzas de supervivencia si no reviven las alianzas y tradiciones del pasado, tradiciones y artes de la guerra con que podrán repeler la embestida de la Gran Oscuridad y sus emisarios corruptos… 

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