Fábula del Caballero, la Dama y la Espada

Existe un libro donde se cuenta la historia de un caballero y una dama. No se conservan los hombres de ninguno de los dos, aunque en los ecos de esta historia han tenido miles de nombres y miles de formas.
     Todo comenzó con un objeto. Hay objetos que se diría que están inspirados por los dioses, o tal vez realmente estén hechos por la mano de algún dios. Objetos bellos y simbólicos, con nombre propio. Estos objetos sobreviven a sus dueños, y a veces se olvida su origen o su utilidad. Algunos hombres intentan poseer estos objetos, otros los conservan como un tesoro. Pero estos objetos tienen su propio camino. Nuestro objeto en cuestión es una espada: la Espada.
     En un momento en el que había guerra y el hombre mostraba todo el horror del que es capaz, apareció una esperanza. Un sabio habló de la Espada. Dijo que quien fuese capaz de encontrarla y empuñarla, traería la paz. Muchos salieron en busca de la promesa. Unos no regresaron jamás, otros regresaron fracasados, muchos se volvieron descreídos, algunos incluso malvados.
     Pero uno recibió la visita de una mujer extraña, etérea como un espíritu y hermosa como una diosa. Le explicó que la espada estaba escondida en el interior de una roca. Le llevó a las profundidades del bosque y le indicó que roca golpear. Trabajó como un cantero la roca hasta que apareció el metal. Surgió una hermosa y antigua espada, llena de runas. larga y fuerte, inmune la la herrumbre: la espada de un gran guerrero.
     -Cuando empuñes la Espada tú serás el Caballero y yo seré tu Dama. Cada vez que la empuñes por la paz y la justicia, la Espada será más fuerte. Pero no la empuñes innecesariamente o por motivos equivocados, ya que eso será la ruina.
     Así comenzó la leyenda del Caballero. Hizo grandes proezas, aplastó a los enemigos y administró justicia. La espada nunca erraba el golpe y parecía conocer el camino mejor que el propio caballero. Muchos le admiraban y era realmente digno de admiración. Se unieron a él en su gloria y lo llamaron Rey. Desposó a su Reina, la Dama, que era la más hermosa de las mujeres. Entonces llegó la paz prometida.
     Pero ¿qué es un caballero que empuña una espada sino un guerrero? ¿dónde está la fama y la gloria de un guerrero sino en la guerra? El caballero comenzó a usar la espada innecesariamente. Entonces la dama se presentó ante su esposo, demacrada, y le recordó la advertencia -No uses la espada en falso o será tu ruina-. Durante un tiempo se corrigió. Pero el placer que sentía al empuñar la espada le hizo volver a empuñarla en tiempos de paz. La dama le advirtió por segunda vez -No estropees lo que has arreglado-. Esta vez su aspecto era peor. El caballero trató de corregirse, y durante un tiempo lo logró. Pero la ociosidad lo había vuelto orgulloso. Pensó que nada impedía que usara libremente la espada excepto las manías de aquella mujer extraña. Por tercera vez la reina advirtió al rey -Nada impide que un caballero empuñe la espada por bien o por mal, salvo su propia decisión, – la dama parecía enferma – pero aquel que la empuña por mal, se trae la ruina a si mismo-. Pero el caballero no escuchó. Se había vuelto cruel y descreído. Encerró a la dama lejos. Exigía admiración para si mismo, el poseedor de la espada. Eliminaba a quien le contradecía o no le complacía. Se volvió un tirano. Olvidó la paz y la justicia.
     Un día la dama salió al encuentro del rey. Su aspecto era horrible, prematuramente envejecido y consumido por la enfermedad.
     -¡Mira! ¡Mira el aspecto de tu obra! Empuñas la espada contra los inocentes. Traes la ruina a tu reino. Eres la plaga que pretendiste erradicar.
     – Bruja maldita, tu magia es mala y te consume. Pretendes envilecerme y hacerme caer. Pretendes robarme la Espada, traidora.
     Enfebrecido, empuñó la espada y mató a la dama. El rey, asustado, buscó entonces a su más fiel amigo y le pidió que llevase a la dama al bosque y la enterrase. Éste joven caballero, inocente y admirador del que fuera Caballero de la Espada, al ver a la dama horriblemente desfigurada y muerta por la espada del rey quedó horrorizado.
     -¿Qué ha sucedido mi rey?-
     – He traído la ruina sobre mi mismo.

– A partir de aquí , Qioh-Vai, no quedan más que habladurías. Unos dicen que el joven caballero no pudo cumplir con el encargo y fue muerto también por el rey, que enterró a ambos en el bosque y dijo que se habían fugado juntos. Otros dicen que fue el caballero joven que mató al rey y comenzó un reino nuevo sobre las cenizas del anterior. Otros dicen que la espada desapareció, junto con la Dama y el Caballero, perdidos hasta que la historia comience de nuevo.

Fuente: efimero.wordpress.com

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