Gutiplunques del Mundo del Rincón

 

…”Cuatro fueron las razas de gutiplunques más huidizas:
Los duendes, niños eternos de juego y travesura.
Los gnomos, huérfanos sufrientes de todos los oficios.
Los leprechaun, la humanidad secreta de bolsillo.
Y los imp, que alteran toda maquinaria diaria”…

Gutiplunque es una palabra acuñada por el escritor Salvador Serrano para referirse a la amplia gama de serecillos diminutos que habitan en los rincones y que generan, sin querer, con la mezcla de sus magias naturales, una realidad propia que entra en contacto con el mundo de los shankyts y los infames a través de los rincones, los bolsillos, las esquinas y lo que está debajo de las camas.
     Mientras que los shankyts e infames comparten, cada quien según su estilo, una cotidianidad “medieval”* de caminos sucios, mapas incompletos, puentes ruinosos y batallas a flecha y espada, los gutiplunques han desarrollado muchos de los adelantos tecnológicos e institucionales que se identifican con la vida moderna, pero que en lugar de servir al “progreso”, su utilidad es de una cómica ridiculez que ellos toman muy en serio: …”los bancos solían estar al final del arcoiris, y no había préstamos ni retiros, sólo depósitos; la burocracia se consideraba un mecanismo para retrasar el fin del mundo; los zapatos eran en realidad un estilo arquitectónico; el circo era la asamblea cívica de los duendes y los paraguas eran botes plegables para cruzar los arroyos o paracaídas familiares, según las necesidades”…**
     Mientras que los shankyts están sometidos a la ley de la gravedad, las edades de la vida (nacer, reproducirse y morir) y la necesidad de comer, dormir y respirar (salvo en los casos en los que su naturaleza mágica les permite alterar alguno de estos aspectos, como la larga vida de los elfos, las sirenas que respiran bajo el agua o los trolls que ponen un solo huevo en la vida sin ser ni hembra ni macho), los gutiplunques viven rodeados de líneas aéreas de gansos, supermercados de problemas y la firme creencia de que la religión es una especie de enfermedad propia de los shankyts. Y como los gutiplunques ni saben que existe ni podrían imaginárselo, cualquier iglesia o templo no sólo es invisible para ellos, sino que por la magia comunitaria de su incredulidad, podrían sembrar un árbol justamente donde hay una iglesia, ocupando exactamente el mismo lugar al mismo tiempo. Tal es la magia de la realidad de los gutiplunques.
     Los animales y los niños de cualquier especie son capaces de entrar en contacto con la realidad gutiplunque, pero es común que, al crecer, sus sociedades los convenzan de lo imposible y dejen de verlos por el resto de sus vidas… hasta que, en la vejez, a veces la senilidad les devuelve la gracia.

* Este entorno “medieval” es, sin embargo, solamente una convención literaria imprecisa, porque esa misma forma de vida antes de la pólvora y la revolución industrial puede encontrarse mil años antes o después de la Edad Media en los mitos y leyendas de casi cualquier región del mundo.

** Martín López Bríe, “Diferencias entre shankyt y gutiplunke”.

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