

Al principio sólo había oscuridad. Luego, el interplano. Y flotando en su inmensidad, Éwa.
En Éwa, la lucha por la supremacía barrió civilizaciones enteras.
La búsqueda por el poder germinó plantíos de espíritus en tierras antes plenas en vida.
Nuevas criaturas necesitan nuevos territorios.
Las poblaciones se expanden y reclaman viejos reinos.
Catedrales y fortalezas olvidadas reciben el azote del tiempo.
Los cementerios rebasan sus límites y sus habitantes moran los recuerdos bajo la noche.